MARÍA Y JOSÉ
Una reinterpretación de nuestro mito Judeo Cristiano fundador.
"María
es una joven que se ha casado con José.
Naturalmente, este último es también muy joven.
En forma contraria a como uno lo imagina, no es viejo.
El Evangelio se toma la molestia de precisar con gran claridad que
Zacarías era añoso; a la inversa, en ningún momento se especifica que José
fuera anciano. Sólo lo dice la tradición popular.
Evidentemente,
esta tradición quiere que José sea un viejo porque resultaría escandaloso
que María viviera con un hombre. Se
quiere que María habitara con un impotente, no con un varón.
Sin
embargo, José es un hombre joven y bello; de otro modo, ¿por qué esta joven
tan hermosa y perfecta se iba a casar con un viejo impotente? ¿Qué haría
con un abuelo? Y por otra parte,
¿por qué un anciano se querría casar con una joven virgen poseedora de este
espíritu increíble, esta pureza y esta fuerza con que sabemos está dotada?
Si alguien afirma lo contrario, que explique por qué José debe ser un
vejete.
Según
la tradición, José es vetusto y además «cornudo». Sólo un anciano puede aceptar que su mujer quede encinta de
Dios y no de él. Hacer de José
un hombre acabado es despojarlo de toda su potencia.
De hecho, se trata de un hombre joven y vigoroso, un adolescente en
plena forma y poseedor de un perfecto aparato genital.
Concebirlo de este modo me parece más procedente, más adaptado a
nuestra época, puesto que son los jóvenes quienes van a producir el Cristo.
Esto es incuestionable.
Del
mismo modo y pensando en términos artísticos, no puedo más que concebirlo
joven. Si yo escribiera el
Evangelio, no repetiría uno de mis «efectos» dramáticos.
Ya Zacarías es un anciano: ¿por qué reiterar esa situación con
José?
Esto significaría que dos personajes importantes del Evangelio son
hijos de ancianos y que únicamente los viejos pueden procrear a los profetas
y a los Dioses.
Es
mucho más bello concebir a José tan joven como María -o apenas un poco
mayor que ella- y a ambos en edad de casarse según la tradición judía de
esa época. Si deseaban tener
hijos, los judíos no esperaban a ser viejos para contraer matrimonio.
Además,
es hermoso que José sea joven y que no acepte cuando su mujer le dice «Estoy
encinta de Dios». Eso nos
muestra que la amaba por completo.
José
provenía de la línea de David y habitaba en la ciudad de éste, Belén,
hacia el tiempo en que María era residente de Nazaret.
Más tarde, para el censo -como se ve en «Nacimiento y circuncisión
de Cristo» (Lucas 2:121)- José se lleva a María a Belén.
Vimos
ya que Nazaret es una aldea casi imaginaria por ser uno de los puntos más
pequeños del país. María no
era oriunda de Belén; por lo demás, no se habla de su familia ni se describe
su árbol genealógico. María
proviene de una familia anónima.
¿Cómo
fue que un hombre surgido de una descendencia tan prestigiosa se casó con una
mujer sin linaje conocido y residente de una aldea casi inexistente?
La respuesta es que estaba perdidamente enamorado de ella.
Si José no hubiera amado tan completa, terrible, profunda y
apasionadamente a María, la historia no tendría ninguna razón de ser.
Es el más grande amor que la humanidad ha conocido.
El amor de José y María es más grande que el de Romeo y Julieta.
¿En
qué momento María comunica a José que está encinta? Apenas Dios la ha poseído, María sabe, por sentir la
potencia sagrada en su cuerpo, que ya está encinta.
Entonces, inmediatamente emprende un viaje para visitar a Elisabeth y
permanece con ella hasta el nacimiento de Juan, que tiene lugar tres meses más
tarde. En seguida, supongo,
regresa a su casa y al entrar encuentra a José.
Entonces le anuncia: «Estoy encinta de tres meses». El Evangelio nos
dice que como José era justo y no quería que el pueblo la
lapidara por adulterio, decidió partir en secreto.
Volvamos
a imaginar, con todos los elementos que tenemos ahora, el tremendo shock que
José recibe al averiguar que la mujer que ha elegido para casarse está
encinta de Dios, quien por tanto se convierte en el rival de José.
En
lo personal, si amo profunda y completamente a una mujer y me entero de que ha
sido preñada por Dios, es muy cierto que estaría celoso de Él al igual que
si se tratara de cualquier otro. ¿Qué bien podría aportarme el hecho de que
sea Dios? Mi primer impulso es el
de ver a quien me ha robado a mi mujer. ¡Él me ha burlado! Si hay tantas mujeres, ¿por qué ha escogido justamente a la
mía? ¡Es el más grande amor de mi vida y jamás tendré otro!
El
hecho de que María haya sacrificado su vida sexual por la creación de Jesús,
implica que José ha sacrificado también la suya por la misma enorme y hermosísima
razón. Igualmente hermoso es que
la historia de María y José sea una historia de amor.
Ello dota aún de más fuerza a la partida en secreto de José.
Después
él sueña que un ángel le habla. Hemos
visto ya la maravilla que puede ser un ángel: un complejo polígono de fuego.
El ángel le dice: «Debes guardar a María cerca de ti porque de este
niño depende el destino de la humanidad».
Esto es determinante: el destino de la humanidad depende de José,
puesto que él podría hacer lapidar a María.
Más
tarde este destino depende todavía de José, porque tras un nuevo sueño, él
se lleva al niño a Egipto para protegerlo de Herodes. Y luego es también José quien se lo lleva de Egipto.
Nunca se repetirá lo suficiente: sin José no habría Cristo.
Es
un hombre que va a seguir a su mujer en la medida en que ella ha elegido vivir
con el máximo de toma de conciencia.
Eva
hizo lo mismo: sin ella no habría existido María. La gran heroína de nuestro mito o de nuestra religión es
Eva. Adán vivía indiferente en
el Edén, brincoteando como un niño pequeño.
Si hubiera permanecido ahí, hoy estaríamos en el paraíso, ni más ni
menos inteligentes que unos gorilas. Nada
habría pasado. Sin embargo, Eva
deseó ser inteligente: fue ella quien hizo el movimiento hacia el despertar
cuando escuchó a la serpiente, es decir cuando obedeció a la llamada del
intelecto. Sin ella no habría
habido una caída y sin ésta no habría existido una ascensión.
Sin Eva, María no habría existido, puesto que María equivale a su
realización.
Cuando
veneramos a María deberíamos también rendir homenaje a Eva y comprenderla.
Si un día se realiza la toma de conciencia colectiva, será gracias a
ella. Eva comió del árbol del
conocimiento e hizo bien. Ahora
llegamos al fin de ese árbol y debemos comer del árbol de la eternidad.
Según el mito o la religión, debemos morder el fruto de la eternidad.
Alcanzaremos lo eterno. Gracias
a Eva, gracias a la serpiente. («iOh alma, que haces de tu caída una
ascensión!»,
dice el Díbouk, una pieza de teatro
yiddish).
Es
una cuestión de preferencias: hay quien decide que José era un anciano de
barba blanca que arrastra los pies y tiene las manos callosas por haber
trabajado tanto la madera; a la vez, que María era una muchacha inocente,
ignorante, ingenua, dedicada a alimentar a su bebé.
Según
esta versión, la imagen de María corresponde a una mujer buena, pura,
ingenua, ulteriormente ignorante y un poco boba.
En efecto: José la protege sin saber demasiado por qué.
María es tan humilde que Dios le ha hecho el honor de producir a Dios.
La máxima de sus «cualidades» es la de seguir a José, dejarse
llevar. Este anciano, lleno de
experiencia, cuida a esta pequeña y gentil María.
Le dice: «Nos vamos a Egipto, mi querida. ¡No te preocupes! Yo conozco la vida. ¡Sígueme tranquilamente! ¡Ocúpate de
tu bebé! ¡Dale de mamar!» Y ella, inocente y sumisa, responde: «Sí, mi
querido José. Te escucho y te
sigo».
¡En
absoluto es posible pensar que José y María eran así! En lo personal, los veo a ambos jóvenes, sólidos y
despiertos.
Veo
a la Virgen María firme y fuerte. Es
tan fuerte que ha engendrado a un Dios. Para
ser capaz de llevar el poder entero de Dios en su vientre, hace falta que María
posea una considerable energía física.
Hace falta un vientre y unos ovarios plenos de energía, un útero
poderoso y de una elasticidad indescriptible.
Hacen falta buenas piernas y un pecho pleno de una leche maravillosa.
Para
alimentar a Dios, a María no podía faltarle la leche. No le iba a ofrecer un alimento ácido o envenenado, o uno
que le causara urticaria. No:
ella está plena de purísima leche y le proporciona absolutamente todo lo
necesario.
María
es fuerte. No cultiva ningún
temor. Nadie la asusta. ¿Cómo
María va a atemorizarse de cualquier cosa si ni siquiera se ha espantado ante
el ángel Gabriel, que se tiene ante Dios?
Es
una mujer que ha sido envuelta con la sombra del Señor. Esto es como un choque eléctrico comparable al de tres mil
sillas eléctricas. Hay que
imaginar el inconcebible placer que ella recibe en el curso de este suceso.
El Espíritu Santo ha entrado en su corazón, que está abierto, y Dios
entero se ha introducido en su cuerpo. El
poder total la ha penetrado. ¿Podría una débil jovencita vivir un momento
así?
A
mitad de esta sombra inconmensurable, por vez primera María ha sentido a la
divinidad penetrando en cada una de sus células. ¿Será imaginable un placer
más grande que el experimentado cuando el propio Dios entra en un cuerpo
humano? Es interminable todo lo
que esto representa. Cuando Dios
ha entrado en los ovarios de María, ella no ofrece ninguna resistencia.
La vagina está íntegramente humedecida (porque se trata de un ser
normal que experimenta un deseo total). El
corazón está completamente abierto. El
cerebro totalmente vacío. Nada
de familia, de recuerdos, de nada: María no es sino carne abierta. Su
corazón, su sexo, todo está abierto. En
ese instante, Dios mismo ha invadido cada célula de su cuerpo, que debe haber
experimentado un temblor en la cual existe una concepción de la Virgen María
sin sexualidad, ha provocado más muertes que Hitler. Familias completas han sido afectadas por este problema, que
por lo demás es el causante de estragos ecológicos y sociales, de vidas
perdidas por personas que han carecido completamente de placer en la vida, por
personas de sexos secos, de orgasmos precoces, etcétera... Esta mala
interpretación es espantosa.
Si
nos aplicamos a leer verdaderamente el mito al pie de la letra, encontramos
sin lugar a dudas que ha sido María quien ha recibido el más grande placer
en toda la historia humana. Si ha
habido un ser que experimentara un orgasmo cósmico, ha sido ella. No puede, por tanto, ser el símbolo de la sequedad.
Bien al contrario, ella es el símbolo de la mujer gozosa y satisfecha
en todo su ser.
Además,
María va a realizarse en tanto que madre."
Lo que también examina
Jodorowsky en “Los Evangelios Para Sanar”.
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