Diálogos Poiéticos
Una postura filosófica, una práctica multivocal y polifónica, una estructura productiva, que facilita la emergencia de decisiones bien-pensadas, sistémicas, poéticas y éticas: "poiéticas".
Las raíces griegas de la palabra "diálogo" son dia (a través) y logos (significado). A través de la exploración de significados aprendemos quién es cada persona y cómo podemos trabajar, hacer, o convivir de manera apropiada.
La raíz griega de la palabra ‘poiesis’ es "poien" que significa ‘hacer’, ‘producir’,
'crear', también raíz de la palabra "poesía". Platon define el término ‘poiesis’
como: "la causa que convierte cualquier cosa considerada desde no-ser a ser" (en El
Banquete). Entendemos por poiesis todo proceso creativo. Es una forma de sabiduría, y
conocimiento, también una forma lúdica, algo alegre, que está vivo. La expresión incluye el
juego, puesto que el hombre que juega es ya un hombre que sabe. "Poiéticas" será,
entonces, el juego de interrelaciones entre valores estéticos y valores éticos en el proceso de tomar
decisiones, tal como fonética y resonantemente confluyen ambos términos en la expresión. Con ella queremos calificar la clase de diálogo multivocal que será el foco de nuestros diálogos, imaginados y
reales, con otros que han explorado lo que acontece en las conversaciones. Aún cuando la ética y la estética, se consideran esferas
separadas, ellas son indispensables una para la otra; su interacción puede ayudarnos a resolver algunos de las preguntas más insufribles que nos plantea la
vida. Podemos ubicar el momento estético a medio camino entre la cognición
(conocimiento) y la actividad ética (deseo activo). Al juicio estético se le ha asignado la tarea de interrelacionar esos dos
dominios. ¿Para escaparme de ser un suceso meramente aleatorio en la vida, a qué suerte de continuidad debo
aspirar? ¿Cómo me sitúo fuera de mi vida
Aquí nos centraremos en las formas que nos permiten compartir imágenes que nos dan libertad para explorar más allá de nuestras limitaciones, a lo ancho y largo de nuevos territorios, sin miedo a perdernos en el laberinto dinámico no lineal de la mente, sabiendo que seremos capaces de encontrar el camino a casa, gracias a una estructura que nos mantiene con los pies en la tierra y nos centra. Exploraremos cómo creamos significados cuando quiera que dos personas o más personas en un grupo se hablan; significados que configuran o dan forma a nuestras vidas, a las decisiones que tomamos y a los resultados que producimos. Será acerca de una estructura, no la única, para conversaciones abiertas, auténticas sobre lo que nos importa más en la vida y el trabajo (en la venta, la creación y dirección de empresas, la formación de otros, o la ayuda en materias relevantes para la salud).
Antes de poner énfasis en los aspectos sistemáticos de la estructura del diálogo poiético y en su coherencia lógica, vamos a explorar sus aspectos holísticos y analógicos con la ayuda de una metáfora. Así antes de referirnos a lo que sucede en las conversaciones que adquieren la cualidad de un diálogo, lo invitamos a llevar su pensamiento, por un momento, a gente como Duke Ellington, Anita Baker, o Louis Armstrong, que han influido en nuestra comprensión del espíritu del diálogo.
El jazz, metáfora del diálogo
El Jazz tiene mucho en común con nuestra noción de una estructura que facilita el diálogo productivo. Al Jazz se le reconoce dentro de la música por su improvisacion y su capacidad para incluir a los músicos con su propia singularidad. En el Jazz a los músicos se les invita a sentarse junto a otros músicos y concurrir al evento con sus cualidades vocales y los sonidos que hacen con sus instrumentos, y a animarse unos a otros a extender sus propias contribuciones más allá de lo ya dado, sacándole partido al potencial del momento presente. La colaboración está al servicio de la creatividad espontánea en la música. Las partituras musicales y las estructuras profundas del Jazz proveen suficiente orientación para permitir que se incluyan y coordinen las diversas voces singulares, únicas, a veces discordantes que suceden en aras o al servicio de producir música en conjunto, pero junto a ello una festiva irreverencia por lo escrito permite la sinergía de la improvisación. Los músicos, los compositores, e incluso la audiencia participan en forma conjunta en el diálogo creativo que caracteriza al buen Jazz.
Así, imagine un poco de la música de Duke Ellington, o Louis Armstrong, Alberto Sandoval, Carmen MacRae, o Eddie Palmieri en el trasfondo, a medida que lee lo que sigue, y deje que la metáfora analógica encuadre las afirmaciones lógicas que seguirán.
Dialéctica de las relaciones
Este mismo espíritu permea también nuestra noción de la dialéctica de las relaciones interpersonales. Es una forma de comprender la interacción humana (social) salpicada de una buena dosis de ironía, la sensación de que las cosas son tanto lo que parecen ser como también alguna otra cosa. La ironía tiñe con su halo tanto a las creencias como a las dudas, a la esperanza como a la desesperanza, a la seriedad como al juego, y en esta clase de complejidades, revela parte de la naturaleza de la relación dialéctica en el diálogo. El movimiento creativo es otra cualidad fundamental, una perspectiva dialéctica de las relaciones humanas, exige que abandonemos el vocabulario "ya hecho" de tendencias generalizadas para apreciar lo singular que emerge en las conversaciones en cada momento. Y también la capacidad para incluir diversas voces es una clave. Nuestra noción dialéctica de las relaciones respetará diferentes sistemas de significados, se sintonizará con sus voces distintivas, y, de esta manera, representará una realidad social multivocal. Por último queremos poner énfasis en el sentido de fluidez y el carácter jamás terminado que caracteriza nuestro enfoque dialéctico. Todo está en proceso de convertirse en algo, pero jamás lo alcanza plenamente.
A través de la conversación formamos y reformamos nuestras experiencias y eventos en la vida; creamos y recreamos los significados y las comprensiones; y construimos y reconstruimos nuestras realidades y a nosotros mismos. Algunas conversaciones mejoran nuestras posibilidades, otras las disminuyen. Cuando nuestras posibilidades mejoran tenemos la sensación de ser agentes de nuestro destino, la sensación de que podemos actuar abordando lo que nos preocupa o nos aproblema: nuestros dilemas, problemas, dolores, y frustraciones, y realizar lo que anhelamos: nuestras ambiciones, esperanzas, intenciones y acciones.
Una postura filosófica
El filosofo Ludwig Wittgenstein articuló estas posibilidades y su actualización con la expresión "cambio de aspecto", una forma diferente de comprender las cosas, que implica un "cambio de vida". Por cambio de vida él quería significar "una apelación al coraje personal de cambiar la propia vida". La visión de Wittgenstein de la comprensión es acerca de una comprensión práctica, desde dentro. Ocupado de las formas en que nos relacionamos y respondemos a otros en nuestra vida cotidiana, Wittgenstein sugirió que vivimos en un mundo de eventos en vez de en un mundo de cosas. Nos desafió a "movernos respecto y en torno a las cosas y los eventos del mundo", en vez de intentar delinear sus características esenciales o de definirlas con exactitud. Extendiendo este desafío a nuestros esfuerzos en el dominio de las decisiones, me pregunto: ¿Qué fomenta, y que constriñe las conversaciones sobre posibilidades? ¿Qué es el lenguaje y cuál es su relación con las conversaciones? ¿Cómo puede una persona en las circunstancias sociales ¾ como vendedor, líder, formador, agente facilitador de una toma de consciencia¾ participar con una o con varias personas de tal manera que esa persona (o personas) pueda actualizar posibilidades en las circunstancias de su propia vida cotidiana? ¿Cómo podemos hablar unos con otros de una manera en que no lo hemos hecho hasta ahora? ¿Cómo podemos crear un contexto de participación que aborde la pregunta: "¿Cómo quiero estar con otros?"? y "¿Cómo quiero que ellos estén conmigo?
Creo que la conversación - en los diversos juegos del lenguaje en los que participamos, ya sea en la venta, la educación o formación, los temas concernientes a la salud personal o social, la innovación o el liderazgo social u organizacional- es un proceso en el que ayudamos a las personas a tener el coraje y la habilidad de "moverse y orientarse respecto de las cosas y los eventos del mundo", a tener "una visión clara", y a convertirse en agentes productivos de sus vidas. Los factores que posibilitan el coraje y su finalidad son: a) una forma particular de conversación: un diálogo y b) la habilidad para crear un espacio dialógico y facilitar un proceso poiético (ético, estético, creativo e impelente a la acción).
El diálogo como Arte
El diálogo es conversación viva, labrada a través de la intención de enfocar nuestra atención, actitudes y conductas para apoyar una investigación abierta, auténtica, y hacernos conscientes de los significados compartidos que co-creamos. La vida es un todo, aun cuando es difícil, para nosotros en forma aislada, percibirla como tal. El diálogo es la práctica y la disciplina poderosa que nos permite llegar a ser conscientes de la fragmentación y las limitaciones inherentes en nuestros propios pensamientos sobre la vida. El diálogo para ser creativo y productivo requiere de una combinación entre habilidades, pericia artesanal y arte. Requiere, por sobretodo, que escuchemos sin nociones preconcebidas sobre lo que vamos a escuchar, una voluntad de mirar a través de ojos nuevos, a ser influenciados por lo que el otro dice, un deseo de dejar de aferrarnos a nuestras certidumbres estrechas y ver el mundo ondular hacia configuraciones nuevas.
El método dialógico para facilitar la toma de decisiones bien-pensadas, que presentaremos, opera a través de una estrategia que permite explorar en forma sistemática con uno o más interlocutores todos los aspectos sistémicos que son relevantes para que estos o éste tome una decisión bien pensada, eliminando las incertidumbres propias del proceso tanto para quién posee un problema y busca una solución como para quién actúa de facilitador.
Un diálogo poiético comienza ocupándose de saber cómo decide nuestro interlocutor. Cuando uno opera desde el "no-saber", lo más natural es preguntar. Además son útiles otros "actos del lenguaje" durante una conversación para que ésta sea un diálogo interesante y constructivo, en vez de un monologo aburrido e improductivo: resumir, reconocer emociones y hacerlas explícitas, validar, invitar a imaginar situaciones futuras; y después de cada uno de ellos o de preguntar: Callar. También es preciso que el facilitador sepa cómo evocar en sí y permanecer en las "emociones" de la aceptación y la alegría (Juego) cuando conversa, y cómo "danzar con las emociones de su interlocutor", en vez de caer en la emoción agresiva que surge al querer convencer o al debatir.
Las decisiones resultan impelentes a la acción cuando emergen de un proceso dialógico en el que quién dirige, dirige su estructura y permite que el otro ponga el contenido. Y dirige preguntando sistemáticamente por todos los aspectos sistémicos relevantes en una decisión: la situación actual versus la deseada, sí es posible arreglárselas con los recursos existentes en el sistema o si se requiere un recurso externo, los criterios o atributos de una solución, quiénes participan en una decisión, qué atributos son importantes una vez adoptada la decisión, y qué significará, a futuro, la consumación de lo decidido.
Posición perceptual externa
En nuestra visión, la condición que habilita que las decisiones sean creativas es la capacidad del que dirige el diálogo para situarse él mismo y ayudar al otro a situarse en una posición perceptual externa.
Que una decisión sea creativa significará que cumple con los criterios de ser singular (única, no sistematizable) respondente (lleva las señas de su autor, es responsable), participatoria (orientada hacia la conciencia de otro(s), con valor-de-respuesta).
En la posición externa es posible entrar sólo una vez que hemos podido estar en la propia posición, y también visitar la posición perceptual del otro. Desde mi propia posición perceptual veo, oigo, siento, hablo desde lo que ven mis ojos, escuchan mis orejas, siente mi cuerpo, y articula mi boca; desde mis emociones, estando consciente de lo que auténticamente deseo, de mis propios sentimientos, impulsos, pensamientos, evaluaciones y perspectivas, a través del lenguaje que uso cuando digo "Yo".
La posición perceptual de ‘Otro’ es mi visión y conciencia empática desde la perspectiva y las emociones que yo capto proviniendo del otro o de lo Otro. Me trae la virtud de la humildad. A través del lenguaje en que digo "Tu", yo llego a saber que hay otras formas de hacer sentido, incluso de lo que me ocurre a mi mismo y de lo que a mi y a ti nos rodea.
La posición externa es de nivel lógico superior a las otras dos que hemos indicado, porque las comprende, va más allá de ellas, por lo que nos referiremos a ella también como meta-posición perceptual.
Una meta-posición hace posible la creatividad, porque permite entrar en la visión del mundo del otro, y entonces con una memoria de ese otro horizonte, regresar a nuestro propio lugar con un excedente de visión via-á-vis el otro. Ya que sólo desde mi posición externa única, estando nuevamente en posición de ver lo que el otro no puede ver, puedo yo ofrecerle un servicio absoluto, que será de valor para él como un suplemento, independientemente de la energía, gentileza, o inteligencia creativa que lo acompañe.
Estar "fuera" o en una posición "externa" no significa abstracción de sí mismo. Se puede ser vulnerable y totalmente involucrado con otros, sólo que sin pretender (en nombre de la empatía o la devoción) duplicar el particular espacio o tiempo de otro. En el diálogo ésta posición externa se logra al centrarnos en dirigir la estructura de la conversación mientras el otro pone el contenido. Así el facilitador rápidamente deja atrás los viejos hábitos de ofrecer (su "solución"), declarar (o emitir juicios prematuros), pedir, y prometer. Cuando le toca su turno a petición del otro, se limita a responder. Es la capacidad de respuesta y el alto grado de refinamiento de este excedente especial de visión el que sitúa al diálogo poiético como categoría aparte del resto de nuestra complicada vida y le confiere una calidad estética.
¿Porqué posee potencial estético esta exterioridad?
Porque, solo una posición externa provee la posibilidad de finalizar un evento, y el acto de finalizar o consumar, es el momento estético más crucial. En nuestros diálogos cotidianos configuramos la conclusión o finalización de imágenes de manera parcial todo el tiempo: al juzgar, al tomar parte en una tarea conjunta, al ofrecer congratulaciones, al contar un cuento con un final bien definido. Pero estos gestos son, con frecuencia, sesgados hacia un sólo lado, oportunistas, gobernados por nuestras necesidades o estados de ánimo transientes. Los otros son raras veces valiosos para nosotros como seres completos, sino sólo en esos aspectos de ellos tornados hacia nosotros y apegados a nuestros deseos o a la tarea que traemos entre manos. Se requiere habilidad y disciplina para ver a una persona como un todo en la vida cotidiana. En el proceso de buscar otra cara, debemos pasar por una etapa de arbitrariedad y disconformidad. También debemos trabajar para sobreponernos a nuestras reacciones aleatorias hacia esa cara. Sólo ocasionalmente en la vida somos requeridos, por la naturaleza de la relación, a tomarnos el tiempo necesario para concebir un todo psicológico, preocuparnos de su ángulo particular, recorrerlo y aprehender suficientemente la lógica de sus partes, de manera tal que esa entidad humana pueda ser liberada dentro de su propio tiempo y espacio, y todavía tenga coherencia.
El diálogo poiético nos puede dar ese espacio y tiempo que requerimos para ver al otro como un todo, para explorar su coherencia, aún cuando sea en torno a un aspecto focalizado de ellos y tornado también hacia nuestro propio interés.
La imaginación trabaja siempre dentro de dos parámetros creados por el artista o facilitador desde la partida: un mundo espacial con su centro evaluativo en un cuerpo vivo, y un mundo temporal con su centro evaluativo en un alma.
Tanto en la actividad artística como en el diálogo refinado, la naturaleza de la consumación se realiza no por el trabajo con el material o el contenido o con la forma dictada por el material o el contenido, sino por la estabilización de una posición evaluativa. En ambos dominios somos sensibles al potencial de una consciencia humana y nos esforzamos en delinearla y servirla.
La vida nos presenta hechos dados: desastres sin forma, enfermedades inmerecidas, revoluciones insensatas, buena suerte inesperada. Lo que me hace un todo, la única cosa que me hace completo, es mi respuesta. La integridad por medio de una respuesta es infinitamente más difícil que la fe en mi sola verdad.
Sobre la realidad externa podemos sobreponernos por una generosidad interna y una curiosidad por la yuxtaposición, dentro de la mente, de tantas perspectivas como sea posible. La incorporación concurrente de porciones formalizadas y finalizadas o concluidas de otros -no de aspectos de su carcaza mortal- es un reflejo normal, totalmente no patológico en cada uno de nosotros. Aunque si buscamos dejar tantos trazos de nosotros mismos como podamos en las almas de otros que nos importan, no estamos estructurados para identificarnos fácil o frecuentemente con otros en forma completa, ni ellos con nosotros. Deseamos un dominio genuinamente privado.
Aunque cada uno de nosotros está en una posición externa con respecto a cualquier otra persona, esa exterioridad puede ser tornada hacia propósitos creativos en diversos grados. Lo que nos hace específicamente autores-artistas no es tanto la obra que producimos sino cómo actuamos en ese límite interpersonal. La actitud lo es todo: la extensión a la que llegamos en nuestros intentos de ver en otros seres humanos eso que ellos no pueden ver en sí mismos, mientras permanecemos en nosotros mismos y viviendo nuestras vidas con pasión. Convertirse en autor es alcanzar este equilibrio. El artista es, de hecho, alguien que sabe como ser activo fuera de la vida vivida: alguien que no sólo toma parte en la vida desde dentro (en la vida práctica, social, política, moral, religiosa) y la comprende desde dentro, sino alguien que también la ama desde fuera. Ama la vida dónde ésta no existe para sí misma, dónde está tornada hacia fuera de sí misma y necesita una auto-actividad localizada fuera de ella que es activa independientemente del significado. La divinidad del artista consiste en esta participación de la suprema exterioridad.
La confianza
La separación y la conexión diálectica entre el artista y su obra, así como entre el director de un diálogo y los que participan en él, ocurren simultáneamente, de manera complementaria, sin fines contradictorios y sin amenazas de abandono o asalto. Cuando esta situación interactiva benévola no se da estamos en un estado anormal, una crisis de "autoría". Tan pronto como la confianza en nuestro derecho a la "exterioridad" es extrañado y la perspectiva externa no es considerada esencial, la vida tiende a recular y a ocultarse en las profundidades del sí mismo, tiende a retroceder dentro de su propia infinitud interna, se atemorizada de los límites, lucha por disolverlos, puesto que no tiene ninguna fe en la esencialidad y gentileza del poder que da forma desde el exterior; cualquier punto de vista externo es rechazado. Y, en el proceso, la cultura de los límites, la condición necesaria para un estilo confiado y profundo, se hace imposible … todas las energías creativas se retiran de los límites, dejándolos a merced del destino. La cultura estética es una cultura de límites y por lo tanto presupone que la vida está envuelta en una atmósfera cálida de confianza profunda.
Este modelo dialógico para unir la vida al arte es simplemente incompatible con esas actitudes éticas tan comunes en nuestro mundo moderno: rechazo, extrañamiento, confrontación agresiva. Por el contrario la mecánica misma de este modelo se funda en el beneplácito y la asimilación: el Arte como un medio de adaptación complejo al mundo tiene como finalidad un tipo especial de ordenamiento de los fenómenos al nivel micro, esto es, al nivel dónde fluye la vida espiritual de la persona, su realidad psíquica… En el arte, y el diálogo refinado es arte, una persona asimila la realidad y llega a controlarla al encontrarle un sentido a través de imágenes que le proveen de modelos para "organizar sus relaciones".
Amor y Arte
Podemos relacionar la singularidad que emerge a través de un auténtico diálogo con la fidelidad, y ambas cualidades a la energía activa, orientada hacia la tarea que es el punto de partida del arte. Sin amor, en la indiferencia, jamás seremos capaces de generar el poder suficiente para contenernos y dedicarnos por entero a un objeto, a sostenerlo y esculpir cada detalle y particularidad en él, tan minuciosamente como se requiera. Sólo el amor es capaz de ser estéticamente productivo.
Dicho de otra manera, veremos en detalle sólo aquellas cosas que nos sentimos impelidos a revisitar. Retornamos repetidamente al sitio del amor porque nos parece que aún no lo hemos captado completamente, que un poco más de devoción -Julieta a su Romeo en el balcón la primera noche- nos permitiría captar y retener la forma, responder a la pregunta perturbadora, resolver la paradoja. Consideremos cómo opera el amor real. Una de las razones por las cuales, por cierto, el amor (hacia una idea, una imagen, una persona) es tan internamente agónico para sus participantes y tan tediosamente irritante de observar desde fuera, es que ningún aspecto particular que los amantes se den a conocer entre ellos será nunca suficiente; nuevos bordes y complicaciones serán revelados en cada gesto, siendo este borde fresco el que llama a ajustes o entonaciones suplementarios, y cada uno de estas ínfimas variaciones es infinitamente interesante para los compañeros, mientras que los no implicados en el intercambio quedan estupefactos por sus cualidades repetitivas y no informadoras. Para el ojo bruto no comprometido, el "contenido" del amor no lleva a ninguna parte; pero a través de este interés obsesivo en "esculpir" los particulares, el amor mismo es refrescado y refinado continuamente en el tiempo. Tal es su impulso puramente dialógico -medido no por el valor moral de su realización y ni siquiera por el placer que trae, sino por la plenitud de su energía y su habilidad para detenerse a esculpir. Dedicarse de esta manera requiere de fortaleza y fuerza de carácter.
Sólo el amor puede ver y delinear la libertad interna desde el objeto. El amor es todavía serio, pero quiere sonreír; esta sonrisa y alegría, derrota continuamente a la seriedad, derrota a una amenaza en el tono… El amor se regocija y acaricia los límites; los límites adquieren nuevos significados. El amor no habla de un objeto en su ausencia, sino que habla acerca de él en su presencia. La palabra como violencia presupone un objeto ausente y en silencio, uno que ni oye ni responde… Pero la palabra diálogica quiere ejercer una influencia desde el exterior, quiere definir desde el exterior. La palabra fermenta en su propia salsa; lo que es esencial es un influjo constante desde el exterior, desde otros mundos.
Sólo la atención amorosa interesada desde fuera puede generar poder suficiente para "ver" algo como un todo en el mundo, y este ver crea amor, y el amor crea valor: "Yo lo amo no porque él es bueno, sino que él es bueno porque yo lo amo."
La disciplina del diálogo
También el diálogo es una tarea. Una tarea que requiere de un esfuerzo continuo, intenso, y cargado de tensiones para mantener meramente el territorio abierto, incluso si ningún contenido se resuelve a través de él. El diálogo es un campo problemático. El diálogo no es de ninguna manera una relación asegurada o segura. Para alcanzar el estado deseado de "autonomía participatoria" interpersonal se requiere de confianza. Y un clima de confianza es infinitamente más difícil de sostener que un clima de fe, en el que uno puede heroicamente descansar incluso cuando se es manifiestamente traicionado, -considere usted a Job el servidor de Dios-.
Amor y Ética
Una actitud estética es respondente: al aceptar el mundo, elevamos nuestra capacidad de responderle a otros seres reales desde nuestra posición externa en sus mundos y de esa manera participamos en el máximo número de relaciones -en breve, nos reconciliamos con el diálogo.
En nuestra vida el trabajo más difícil que enfrentamos es la creación de un sí mismo tras cuya integridad nos podamos alzar, que podamos amar y respetar. Sólo entonces no buscaremos ningún "alivio". "Asegurar nuestra propia felicidad es nada menos que un deber". (Kant).
La creación de un tal "Yo" deseable, respondente en forma tan singular, constituye el examen de verificación central de un enfoque estético del mundo. El verdadero valor moral se alcanza sólo cuando promovemos nuestra felicidad no por inclinación sino por deber. Deber, lo que "debe ser" -no tiene nada de insulso o pasivo. Insiste en un gesto iniciado por el amante "independientemente" del amado; el amante permanece fuera, sin promesa de una respuesta recíproca.
Estamos obligados a actuar de esta manera amorosa, note usted, no por una virtud estética o una moral despótica; este deber es simplemente práctico, o, podríamos decir, productivo (no meramente reflejo) de amor.
El coraje de vivir en diálogo
Vivir en diálogo da coraje a sus participantes para, por sobre todo, cultivar estándares de conducta, potenciales personales y un horizonte labrado individualmente. De tal manera que no importando qué nos pueda suceder en un encuentro en particular, alguna respuesta podremos articular que traiga la impronta de la dignidad de nuestra personalidad. La estética respondente y el amor estético corren al sitio de una desilusión a asegurar al sufriente que un contexto podrá encontrar que explique y justifique el desenlace. La misma dinámica subyace en la noción perturbadora del filósofo ruso Mikhail Bakhtin, deslizada hacia el término de su vida, que incluso una palabra que se sabe falsa no es absolutamente falsa, porque "siempre presupone una instancia que la comprenderá y la justificará, incluso bajo la forma: 'cualquiera en mi posición habría mentido, también.'" Cada acto tiene su propio lugar y da origen a un nuevo acto que puede disputar ese lugar. En esta concepción ni siquiera a una catástrofe le está permitido finalizar, resolver, o gatillar una catarsis. No ganamos ni perdemos; renegociamos.
Nuestra consciencia puede descansar, y quizás incluso triunfar, sólo como consciencia estética … "El significado o el sentido de una cosa o de un evento en su contexto, no puede, y no desea cambiar fenómenos físicos, materiales, o de otro tipo. No puede actuar como una fuerza material. Y no necesita hacerlo: él es en sí mismo más fuerte que cualquier fuerza." (Bajtin)
Contribuir a la germinación de una calidad poética en nuestros quehaceres
La energía de la vida, su inclinación hacia una articulación y diferenciación cada vez más precisa, más personalizada, sutil y receptiva, puede ser liberada solamente a través del diálogo y el amor estético.
Estamos en presencia de un fenómeno nuevo en nuestros paisajes occidentales: la emergencia de una renovada sensación de nuestra conectividad e interrelación, tanto entre nosotros como con el entorno mayor. Es como si pudiéramos contribuir a la germinación de una calidad poética en nuestros quehaceres, de manera de cambiar nuestra forma de mirar, escuchar, sentir ... los eventos; cambiándonos en nuestro ser, en nuestras sensibilidades, ... en aquello que notamos y a lo que somos sensibles, las cosas que buscamos y deseamos...
Estas nuevas posibilidades brotan de un nuevo tipo de conversaciones en las que todos podemos sentirnos deleitados de participar. Pues es en el flujo contingente de nuestros diálogos, en la entrecruzada danza de emociones y lenguaje, en los diversos "juegos del lenguaje" que jugamos en la educación, los negocios, la venta, la salud, ... cambiando continuamente los ‘espacios’ entre la gente, que aquello de cabal importancia para nosotros acontece.
Para contribuir a tal gestación y deleite, nuestra intención es presentar una perspectiva sobre el diálogo que ha emergido de nuestras conversaciones reales e imaginadas con otras voces prominentes del pasado y del presente. Una invitación a un diálogo sobre el "diálogo poiético", esto es, sobre la estructura de las habilidades y la disciplina que nos permiten unir el arte a la vida a través de la exploración, configuración, o co-creación de significados éticos (valores morales) y estéticos (coherencia, armonía, poesía, etc.) en las relaciones en las que respondemos y nos comprometemos con otros, o con él otro, desde una meta-posición perceptual o posición "externa".
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