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Los Problemas Existen Como Distinciones Hechas Por Un Observador y Se Resuelven A Través del Diálogo

En este artículo abordamos la resolución de problemas a través del diálogo con referencia a nuestra operación en un dominio como Observadores.  

Para estos efectos nos referiremos a distinciones desarrolladas en varios campos: La Biología de la Cognición de Humberto Maturana y Francisco Varela, la Programación Neuro Lingüística y el dialogismo del intelectual ruso Mijail Bajtin.  

Según La Biología de la Cognición :  

 

 

  Todo conocer es hacer, todo hacer es conocer.

 Todo lo dicho, es dicho por un Observador

Estos asertos corresponden a Humberto Maturana, Y Francisco Varela., ambos chilenos y neurofisiólogos. 

Maturana ha centrado su atención en la comprensión de cómo los procesos biológicos dan lugar a los fenómenos de conocimiento, comunicación y lenguaje. Entre sus obras seminales cabe mencionar Biology of Cognition (1970), y De máquinas y seres vivos (1972); y entre sus obras de difusuión cabe destacar El árbol del conocimiento (1984), las dos últimas escritas junto a Francisco Varela, su destacado discípulo y colaborador y El Sentido de Lo Humano (1991). De esta última hemos insertado aquí algunas citas marcadas (SH) que transcribimos a nuestras notas sin indicar, por ahora, el número de la página.

Maturana se involucra en el estudio de la neurofisiología de la visión, lo que lo conduce a trabajar con personas que estaban relacionadas con los estudios acerca de la retroalimentación en los años 40 (los que llevaron posteriormente a la formulación de las teorías cibernéticas), y después al desarrollo de una teoría de la organización de los sistemas vivos, así como del conocimiento y el lenguaje.

En 1960 Maturana publica un célebre artículo junto con Lettvin, McCulloh y Pitts, a partir de sus estudios anatómicos de la retina de la rana y su observación de la existencia de respuestas direccionales en las células ganglionares de dicha retina. En esa época Maturana se desenvolvía en el campo de la biología sin estar todavía familiarizado con las concepciones cibernéticas, como sucederá más adelante. ("Anatomy and Physiology of vision in the frog (Rana papiens). J. Genetics & Physiology, 43: 129-175, 1960.)

En 1968, invitado a presentar un trabajo sobre la neurofisiología del conocimiento, Maturana decide enfrentar el problema, no desde la perspectiva del sistema nervioso, sino desde el operar biológico completo del ser vivo. Al hacerlo, Maturana descubre que sus dos actividades académicas aparentemente diferentes, de hecho estaban dirigidas al mismo fenómeno, lo que determinará el curso posterior de sus investigaciones:.

Haciendo uso de una observación simple que se había descrito años atrás, Maturana cuestiona el concepto tradicional de percepción. Esto se puede ilustrar considerando lo siguiente:

La Percepción está determinada por la estructura del sistema que constituye al ser vivo.

En 1943, Roger Sperry, realizó algunos experimentos de rotación de ojos en anfibios. En estos experimentos él mostró que los animales "recuperaban la vista", pero se orientaban en la conducta de captura de una presa con una desviación igual al ángulo en el que el ojo había sido rotado. Así, al rotar el ojo en 180 grados, el animal, ante una presa (mosca) presentada en su campo visual anterior, gira y lanza su lengua como si la presa hubiese sido presentada en su campo visual posterior. Al interpretar este experimento Maturana concluye que al utilizar la palabra percepción estamos connotando un proceso que está determinado por la dinámica de la estructura del sistema que constituye al ser vivo.

"La conducta de un organismo es sólo una descripción que un observador hace de una secuencia de cambios posturales (estructurales) que éste exhibe en relación al medio en que es observado." (SH)

Estos cambios posturales expresan la dinámica estructural del organismo, y surgen con participación del sistema nervioso cuando éste existe. Dado que el observador distingue al organismo como un sistema moviendose en un medio conservando necesariamente su correspondencia estructural, el observador puede distinguir conductas que surgen en el organismo asociadas a sus interacciones.

La percepción es la capacidad para hacer distinciones.

Maturana y Varela formulan su explicación sobre la base de los conceptos de unidad, organización y estructura. Toda unidad es el resultado de una operación de distinción que la específica, que la distingue contra algun fondo. Como tal, toda unidad puede reconocerse al nivel de aquello que, como unidad, la define o identifica y también al nivel de la unidad de sus componentes. Se trata de dos niveles lógicos diferentes.

¿Qué distingue a un ser vivo?

La organización de un ser vivo puede caracterizase como un sistema, y su identidad definirse como un conjunto de elementos interconectados por una configuración de relaciones, que opera de acuerdo a su estructura, esto es, de acuerdo a cómo está hecho en el juego de las propiedades de sus componentes, realizando su organización.

Maturana y Varela distinguen a los seres vivos como un determinado tipo de organización que se caracteriza por su capacidad de producirse continuamente a sí misma. Para connotar esta característica acuñan el término: organización autopoiética, de auto y “poiesis” palabra Griega que significa producir, hacer, crear. Distintos seres vivos se distinguen porque tienen estructuras distintas, pero son iguales en cuanto a organización. Es más, los seres vivos se caracterizan por el cambio permanente de sus estructuras y por la preservación de su organización.

La organización representa las restricciones que el nivel superior impone sobre el nivel inferior. Una unidad mantiene invariante su organización, aceptando todos los cambios posibles de su estructura dentro de los límites de restricciones especificadas por la organización. Dicho en palabras de Maturana, la estructura de una unidad puede cambiar sin pérdida de identidad, la organización, no. Si la autopoiésis se interrumpe, la organización del sistema -su identidad como una clase particular de unidad- se pierde y el sistema se desintegra (muere).    

Desde el punto de vista de la información, los seres vivos, según Maturana, operan como sistemas cerrados.

Los seres vivos operan como sistemas abiertos desde el punto de vista material y energético. En estos aspectos se hallan en continuo intercambio con su medio.

Todo lo que en los seres vivos ocurre no responde a especificaciones del medio, sino a sus propias determinaciones estructurales; el organismo determina cuál configuración estructural del medio gatilla en él un cambio estructural.

Estas interacciones con el medio pueden ocurrir como perturbaciones o como interacciones destructivas. Operan como perturbaciones cuando generan cambios estructurales sin alterar la organización; operan como interacciones destructivas, cuando desintegran al ser vivo o cuando cambian su identidad.

Desde esta perspectiva la evolución de los seres vivos resulta de una deriva natural, producto de la invarianza de la autopoiesis y la adaptación al medio por un lado; y por otro lado, de la determinación estructural y de la historia de sus interacciones con el medio que han gatillado cambios en su estructura especificados por su estructura. La deriva da cuenta de un proceso estructural de transformaciones en el cual ninguna interacción es trivial, pero donde, a la vez, nada es necesario.

La estructura está determinada por la genética, tiene una enorme plasticidad, y está en cambio continuo. El cambio sigue un curso u otro, según las contingencias de nuestras interacciones con el medio en que vivimos.

La arquitectura principal de la estructura de los seres humanos está compuesta por las redes del sistema nervioso y sus conexiones con el resto de las células de nuestro cuerpo. Un sistema nervioso opera como un sistema organizado como una red cerrada de elementos neuronales interactuantes (incluyendo receptores, efectores y neuronas entre éstos) que en sus interacciones generan relaciones de actividad de tal manera que cualquier cambio en las relaciones de actividad que se producen entre algunos elementos de la red, lleva a cambios de relaciones de actividad en otros elementos de la red. A esta operación circular del organismo, con su sistema nervioso, si lo tiene; Maturana, la denomina clausura operacional.

Los seres vivos sólo existen mientras conservan su organización y su adaptación al medio. La adaptación expresa la capacidad de reacción a las interacciones con el medio evitando la desintegración. Por lo tanto, adaptarse no constituye una opción de los seres vivos. Desde el punto de vista de la biología no hay seres vivos más o menos adaptados. Si están vivos están adaptados.

"Cuando un observador ve a un organismo mientras opera en su dominio de acoplamiento estructural (con su medio), reaccionando con correlaciones senso-efectoras congruentes con las perturbaciones que provienen del ambiente, como si algunos rasgos de los agentes perturbadores hubieran sido captados por el organismo y empleados para generar respuestas apropiadas a él, puede sostener que se ha producido el fenómeno denominado percepción, aun cuando lo ocurrido sea, de hecho, algo completamente diferente."  El medio ha "gatillado" un cambio en la estructura biológica del organismo que puede ser explicada en términos de modelos relativos de actividad dentro de su sistema nervioso o cambios de estado." (SH) 

No hay interacción con el medio que no deje efectos en el sistema nervioso como resultado de los cambios estructurales que tal interacción gatilla en él. Para un observador, ello puede ser visto como un aprendizaje adecuado de parte del organismo.

"El aprendizaje es un proceso continuo de transformación del comportamiento por medio del cambio continuo en la capacidad del sistema nervioso para sintetizarlo. ... La evocación depende de una habilidad funcional del sistema para crear, cuando se dan ciertas circunstancias de recurrencia, un comportamiento que satisface las demandas recurrentes o que el observador clasificaría como reactivador de uno previo." Maturana, Biology of Cognition (1970).

Un observador ve un comportamiento inadecuado en un organismo sólo cuando él o ella le exige a este un comportamiento que está fuera del dominio del acoplamiento estructural a que pertenece, es decir, cuando él o ella quiere ver en la estructura del ser vivo que trae a la mano con su distinción, un organismo diferente del que surge y espera una conducta que no le es propia. (SH)

Desde esta perspectiva, la conducta de un organismo corresponde siempre a una visión externa "de la danza de relaciones internas del organismo", efectuada por un observador. No se trata de algo que el ser vivo hace en sí, sino de algo que tiene sentido para quien observa sus movimientos en su medio (movimientos expresivos de cambios estructurales internos).

"En estas circunstancias al observar al organismo en un medio vemos que experimenta cambios de estado que se nos aparecen como correlaciones senso efectoras (motoras) cambiantes que describimos como conducta respecto del ambiente. La conducta ocurre en la relación ser vivo-ambiente que un observador distingue."(SH)

¿Qué es conocer?

Maturana se ocupa primariamente de entender qué puede querer decir la "cognición" cuando se relaciona con la naturaleza fundamental de los seres vivos. Rechazando la metáfora del tratamiento de la información como base de la cognición, él sustituye la pregunta "¿Cómo obtiene el organismo información acerca de su entorno?" por la de "¿Cómo ocurre el hecho que el organismo tenga la estructura que le permita operar adecuadamente en el medio en que existe?" No se puede generar una respuesta a esta pregunta entendiendo cómo opera un sistema nervioso, la respuesta resulta operativa a otro nivel lógico. Como observa Maturana

"los sistemas vivos son sistemas cognitivos y la vida como proceso, es un proceso de cognición. Esta afirmación es valida para todos los organismos con o sin sistema nervioso". (SH)     

Desde esta nueva perspectiva hablar de que el sistema viviente conoce o hace equivale a lo mismo. En el dominio del operar del sistema viviente, vivir es conocer y conocer es vivir. En otras palabras, Maturana y Varela proponen la circularidad de un nuevo principio epistemológico organizador:

Todo Hacer es Conocer y Todo Conocer es Hacer.

Antes de especificar esta postura epistemologica veamos qué importancia puede tener en nuestra vida cotidiana la comprensión de la epistemología desde la cual operamos.

El hombre y la mujer Occidental del Siglo XX se enorgullecen de la plétora de elecciones que pueden ejercer. Con el capital suficiente, un Occidental, puede, por ejemplo, comprar un Fiat o un Chevy, posiblemente un Volvo - y más importante, hasta puede elegir no tener un automóvil.

De manera similar, el Occidental moderno puede elegir una epistemología basada en el dominio absoluto de la razón o una epistemología espiritual - pero más importante aún, no puede operar sin una epistemología. Puede que no quiera una - hasta puede resistirse con todos sus recursos a alguna epistemología en particular, pero en ese caso la mera resistencia será una acción epistemológica.

Hace ya treinta años, Gregory Bateson reconoció y codifico en sus escritos un hecho profundo acerca de la comunicación humana tan evidente que por siglos se le escapo, literalmente, a muchos de los más hábiles investigadores en sus trabajos sobre la conducta humana.  Cuando dos miembros de nuestra especie están cara-a-cara y uno ofrece una comunicación al otro - y todos los demás aspectos son convencionales (es decir, que la comunicación ofrecida esté dentro del rango de sensibilidad de los sentidos del otro, etc.), el otro no puede no comunicar. La otra persona tiene, por supuesto, amplia libertad, muchas opciones posibles para responder - palabras, gestos, sonidos, movimientos -, todos los cuales serán percibidos apropiadamente por la primera persona como respuestas a su primera comunicación. Noten que aún el caso límite, el rechazo a responder - resulta en sí una comunicación. Cuando alguien nos dice que no se puede comunicar con tal o cual, no podemos considerar  sólida su posición epistemológica. Sólo indica que hasta entonces no ha sido capaz de producir en ese o en aquel la respuesta que él quiere.

La comunicación y la epistemología resultan a este respecto similares: ubicuas. Uno no puede no comunicarse y además no puede no tener una epistemología - esta podrá ser inconsciente, no deseada, completamente inaccesible a su poseedor pero se revela con precisión en la conducta de esa persona.

¿Cuáles son las posiciones epistemológicas más notables en el quehacer cotidiano de la sociedad occidental ?

En la historia de nuestra sociedad Occidental, por más de 2000 años, ha habido una polarización de posiciones en torno a la pregunta por el conocimiento. En el siglo XVIII esta disputa la podemos representar a través de David Hume (1711-1776) en la tradición empírica Británica y por Immanuel Kant (1724-1804) en la tradición idealista Germana. Esquematizaremos crudamente estas posiciones.

El principio organizador en la tradición empírica era alarmantemente simple.

No hay nada en la mente que no provenga de los sentidos.

Una posición como esta, crudamente expuesta, como lo hacemos aquí, parece perturbadoramente incompleta, y es así, puesto que falta el contexto en el que fue formulada. Si usted se hubiera criado en un medioambiente donde los hombres letrados estuvieran debatiendo acaloradamente sobre el numero de ángeles que podían bailar en la punta de un alfiler, la doctrina empírica expuesta arriba habría sido un respiro de aire fresco. Tenemos dificultades con esta posición porque rechaza a los seres humanos como agentes activos en crear la experiencia. Más fundamental aún: no puede dar cuenta de una de las experiencias más elementales de la condición humana - dos seres humanos testigos del mismo evento en el mundo darán subsecuentemente diferentes descripciones individuales de lo que ocurrió - diferencias más numerosas a medida que requerimos mayores detalles.

En el otro polo de esta controversia esta Kant que se comió mucho más de lo que parece digerible. La famosa solución Kantiana fue:

Experimentamos el mundo a través de categorías innatas.

Kant asigna a cada ser humano un conjunto de categorías innatas, genéticamente especificadas a través de las cuales experimentamos el mundo - lo que en lo sucesivo llamaremos filtros perceptuales. Ciertamente Kant reconoce con estas categorías innatas de percepción una tremenda contribución a la experiencia de parte de los seres humanos involucrados. Desafortunadamente, el costo es exorbitante - si nuestras experiencias son el resultado de filtros innatos independientes del mundo, nuestra habilidad de conocer el mundo comienza a deteriorarse rápidamente y el mundo se pone muy escurridizo.

Es gracioso notar que la posición de Kant da pie a una consecuencia igualmente poco atractiva al nivel individual respecto de las diferencias de percepción en las que falla Hume. Al igual que Hume, Kant no puede dar cuenta de las diferencias de percepción o tiene que asignarlas a alguna falla en el desarrollo neurológico de las categorías innatas.

Hay dos puntos en los que estas dos posturas epistemológicas resultan sumamente insatisfactorias. Primero, noten que en ambos casos hay poco lugar para la responsabilidad individual. Si el mundo real imprime ciertas sensaciones en la neurología del individuo en función de las propiedades físicas de los estímulos o si experimentamos las sensaciones estimulantes solamente en función de las categorías perceptuales innatas, ¿qué cabida tiene la responsabilidad personal?

La segunda insatisfacción resulta de la manera en que estas posturas se sitúan con respecto a la escisión mente - cuerpo. Hume y su tropa están condenados a abrigar experiencias que están basadas sólo en los sentidos, mientras que Kant y su banda quedan inmóviles, bloqueados en sus neurologías (individuales). Hume y los empíricos tienen por tarea librarse de la tiranía de un mundo exclusivamente sensorial, mientras Kant y sus idealistas, atrapados en sus categorías mentales, tratan de encontrar una puerta de escape hacia el mundo real. Así respecto del asunto de la relación cuerpo mente, los empíricos tienen que habérselas exclusivamente con los patrones de lo físico - la sicología queda atrapada en la física - mientras los idealistas tienen que luchar y justificar cada uno y todos los vínculos desde una posición originaria - de la mente al mundo si una tal conexión puede ser demostrada (¿Cómo podríamos saberlo?) De hecho, la posición mentalista, sin la carga de un ancla al mundo físico, tiende históricamente a flotar en dirección al espiritualismo.

Veamos entonces si estas dificultades quedan resueltas cor la proposición de Maturana y Varela:

Todo Hacer es Conocer y Todo Conocer es Hacer.

Los seres vivos (los seres humanos incluidos) sólo pueden hacer lo que les está biológicamente permitido. La explicación de Maturana reconoce el carácter constitutivamente circular de todo conocimiento. Pero por otra parte, dispone de una concepción sistémica que permite eludir la condición de circularidad en cuanto obstáculo, en la medida en que compromete niveles distintos en la comprensión. Ello le permite a Maturana hacerse cargo positivamente de la condición de circularidad que es propia de la tarea de acometer el esfuerzo por "conocer el conocer".

Si aceptamos que conocer equivale a actuar de manera efectiva en el dominio en que un observador espera una respuesta, es preciso reconocer que el hecho de vivir -de conservar la organización y la adaptación- equivale a conocer en el ámbito del existir. En la medida en que vivir y actuar en forma efectiva en el existir como ser vivo son equivalentes, podemos afirmar, desde nuestra posición de observadores, la equivalencia entre los procesos que connotamos cuando hablamos de vivir y conocer.

Percepción y alucinación son distinciones que sólo podemos hacer como observadores. En cambio, para la operación del sistema nervioso como una red neuronal cerrada es irrelevante cómo se producen sus cambios de estado. Si las interacciones sólo pueden gatillar estados que están estructuralmente determinados, el sistema nervioso no puede hacer al operar la distinción entre percepción y alucinación que hace un observador al observar las interacciones de un organismo en un medio.

El hacer de un observador en tales circunstancias consiste en distinguir diferentes tipos de correlaciones senso-efectoras en el organismo observado fijándose si los cambios estructurales del sistema nervioso que los origina resultan de perturbaciones del medio, o de la dinámica interna de cambios estructurales del organismo mismo. El observador llama percepciones a las primeras y alucinaciones a las últimas. Las circunstancias ambientales que un observador asocia con las percepciones del organismo observado las describimos como objetos (rasgos) del mundo. Sin embargo, los objetos que un observador describe en el medio ambiente de otro organismo no participan como tales en la operación de su sistema nervioso, y para éste no existen. La estructura del medio participa solamente a través de perturbaciones estructurales ortogonales a la dinámica de estados del sistema nervioso de un organismo.

El Lenguaje

Los objetos que describen dos observadores que conversan entre sí, surgen como tales sólo en el lenguaje como una forma de coordinación conductual que observamos en el ser humano.

En el modelo de la biología del conocimiento,

"la percepción denota cómo opera un ser humano en un cierto dominio de acción, en que las diferentes dimensiones perceptuales (como … forma, matiz o movimiento) son diferentes maneras y circunstancias de generar correlaciones senso-efectoras, originados como diferentes bordes operacionales en la intersección de los cambios de actividad que resultan en la dinámica cerrada del sistema nervioso con los cambios estructurales de las células sensoras y efectoras cuando éstas son perturbadas en el fluir de las interacciones del organismo en un dominio particular de acoplamiento estructural. En este modelo las correlaciones senso-efectoras del organismo observado definirán los objetos y rasgos de un mundo que él o ella describen en el lenguaje.

En nuestra experiencia no podemos distinguir entre lo que llamamos ilusión y percepción. Lo que conocemos lo constituimos en nuestra observación del mundo, un dominio cognoscitivo no es más que una descripción de coherencias experienciales usadas para explicar la experiencia, al proponer mecanismos que generan las explicaciones propuestas." (El Sentido de lo Humano, p 179)

"El estudio de los fenómenos perceptuales como fenómenos cognoscitivos es, por tanto, el estudio de distintos momentos recurrentes del fluir estructural del organismo acoplado al fluir estructural del medio, como momentos de una historia de interacciones que implica la conservación de la correspondencia estructural entre organismo y medio. (p. 115 Desde la biología a la psicología).

El nivel lógico cognitivo y la producción de distinciones.

Sólo como observadores de una historia de cambios dentro de la estructura y del medio podemos describir el modelo de interacciones por las cuales la estructura llega a producirse y la relación de dichos cambios para generar acciones efectivas. Este nivel lógico es el que Maturana denomina "cognitivo". En este "dominio" cognitivo podemos hacer distinciones basadas en palabras tales como "intención", "saber" y "aprendizaje".  

"El mundo cognoscitivo que vivimos a través de la percepción es la producción de un mundo de distinciones a través de los cambios de estado que experimentamos a medida que conservamos nuestro acoplamiento estructural en los diferentes medios en los que quedamos inmersos a lo largo de nuestra vida, y luego, empleando nuestros cambios de estado como distinciones recurrentes en el lenguaje, producimos un mundo de objetos como coordinaciones de acciones con las cuales describimos nuestras coordinaciones de acciones."

"Desgraciadamente olvidamos que el objeto que surge de esta manera es una coordinación de coordinaciones de acciones consensuales, y engañados por la efectividad de nuestra experiencia en coordinar nuestras conductas en el lenguaje, damos al objeto una preeminencia externa y lo validamos en nuestras descripciones como si tuviera una existencia independiente de nosotros como observadores -  ¿Cómo podríamos coincidir en nuestras coordinaciones de acciones, se nos dice, si no hubiera un mundo externo objetivo? " La respuesta de  Humberto Maturana es: "coincidimos en nuestras coordinaciones de acciones, y todo nuestro vivir lo muestra así, en tanto vivimos juntos lo suficiente como para coordinar nuestras acciones en un mundo que surge con nuestras coordinaciones de acciones. (Humberto Maturana: El Sentido de lo Humano." p 179...)

Cuando dos o más organismos interaccionan recursivamente como sistemas estructuralmente plásticos el resultado es un acoplamiento estructural ontogénico (que constituye un sistema). Para un observador el dominio de interacciones especificado a través de dicho acoplamiento ontogénico estructural aparece como una red de secuencias de conductas mutuamente entrelazadas...  Las diversas conductas o comportamientos involucrados, son a la vez, arbitrarios y contextuales. Los comportamientos son arbitrarios ya que pueden tener cualquier forma mientras ellos operan con perturbaciones que se dispersan en las interacciones; son contextuales porque su participación en las interacciones entrelazadas del dominio se definen únicamente con respecto a las interacciones que definen el dominio... Yo denominaré al dominio de conductas entrelazadas ... un dominio consensual. Maturana, Biology of Language (1978), p.47.

La generación de un dominio consensual se determina por la historia de interacciones entre los participantes (y sus progenitores) dentro del dominio físico. Sin embargo, como observadores de este comportamiento podemos distinguir un nuevo dominio en el que existe el sistema de conductas. El dominio consensual se genera en el juego mutuo a través de acoplamientos estructurales determinados por las demandas de autopoiésis para cada participante.

Maturana se refiere al comportamiento en un dominio consensual como "comportamiento lingüístico" extendiéndolo para cualquier dominio de interacciones generadas mutuamente. Los actos del lenguaje, como cualquier otro acto de un organismo, se pueden describir en el dominio de la estructura así como en el dominio de la cognición. No obstante, su existencia como lenguaje está generado en el dominio consensual por interacción mutua.

La función del lenguaje es orientar.

El lenguaje, como dominio consensual, es una modelización de "comportamiento mutuamente orientador". Maturana señala que el lenguaje es connotativo y no denotativo y que su función es orientar al orientado dentro de un dominio cognitivo y no, en cambio, apuntar a entidades independientes. Un observador verá a veces, una correspondencia entre el lenguaje observado y las entidades observadas, precisamente como existe correspondencia entre el sistema visual de la rana y la existencia de moscas.

La función básica del lenguaje como sistema orientador del comportamiento no es la transmisión de información o la descripción de un universo independiente acerca del cual se puede hablar, sino la creación de un dominio consensual de conducta entre sistemas que interactúan lingüísticamente a través del desarrollo de un dominio cooperativo de  interacciones. Maturana, Biology of language, p. 50.

El lenguaje es un fenómeno diálogico, que surge como consecuencia de la recurrencia de interacciones entre seres vivos, de tal manera que la mantención de la organización y de la adaptación de cada uno se realiza mediante un acoplamiento con los demás.

Maturana habla de comunicación al referirse a la coordinación conductual que observamos entre los seres vivos, y de conducta lingüística para dar cuenta de una dinámica de coordinaciones conductuales recursivas desde el punto de vista de un observador. La conducta lingüística, por lo tanto, implica la observación de que los organismos no sólo coordinan sus conductas en relación al medio (comunicación), sino que coordinan conductas para coordinar conductas. Cuando el observador describe conductas de interacción entre organismos en términos tales que el significado que él asume que ellas tienen para los participantes, determina el curso de tales interacciones, estamos ante una conducta lingüística.

El hombre es uno entre muchos seres vivos que poseen un dominio lingüístico. Pero en el hombre se trata de algo mucho más abarcador que en otros seres vivos.

"Lo fundamental en el caso humano, es que el observador ve que las descripciones pueden ser hechas tratando a otras descripciones como si fueran objetos o elementos del dominio de interacciones, es decir, el dominio lingüístico mismo pasa a ser parte del medio de interacciones posibles. Sólo cuando se produce esta reflexión lingüística hay lenguaje, surge el observador, y los organismos participantes de un dominio lingüístico empiezan a operar en un dominio semántico" (El árbol del conocimiento, página 139)

Ontología del observador. Todo lo dicho es dicho por un observador.

Un observador es un ser humano, una persona, un sistema vivo que puede hacer distinciones y especifica qué es capaz de distinguirse como una unidad... y es capaz de cooperar como si fuera externo a (distinto de) las circunstancias en las cuales el observador se encuentra a si mismo. Todo lo que se diga se hace desde un observador a otro observador, que puede ser él mismo, Biology of language, p. 31. 

Como observadores, generamos distinciones en un dominio consensual. Una descripción en cualquier dominio (tanto si es el dominio de los objetivos y las interacciones como si es el de los sistemas físicos) es, inevitablemente, una afirmación hecha por un observador a otro observador, y está referido no a una realidad externa sino en el dominio consensual compartido por aquellos observadores. Las propiedades de las cosas (el hecho, el reconocimiento de cosas distintas) existen solamente como distinciones operacionales en un dominio de distinciones especificadas por un observador. Cuando hablamos acerca de sistemas y su medio, componentes o cambio estructural, hablamos como si fueran cosas y propiedades externas. Esta es una forma de referirnos a nuestras distinciones al utilizar el lenguaje, y es siempre un decir "como si" y no una apelación a lo que las cosas son. Y está forma de operar puede ser útil y otras veces resulta insana, como veremos luego. 

Las distinciones emergen a través del diálogo.

La idea de que todas las distinciones cognitivas las genera un observador y de que estás dependen de la naturaleza de dicho observador no es nueva. La diferencia y genialidad en el discurso de Maturana surge con el reconocimiento de que las distinciones emergen en un dominio consensual; esto implica que presuponen algún tipo de interacción diálogica en la que se incorpora un observador:

"El dominio lingüístico como dominio orientador de la conducta requiere al menos dos organismos interactuantes con dominios de interacciones comparables de tal modo que se puede desarrollar un sistema cooperativo de interacciones consensuales en el que la conducta emergente de los dos organismos es relevante para ambos.  El eje central de la existencia humana es su ocurrencia en un dominio lingüístico cognitivo. Este dominio es social constitutivamente. Maturana, Biology of cognition (1970), pp. 41, XXIV.

Al rechazar la posibilidad de conocimiento objetivo independiente del sujeto, Maturana no adopta la posición solipsística de que nuestro discurso puede tener que ver, en última instancia, solamente con nuestros pensamientos y sentimientos subjetivos. Por tratarse de un discurso, éste proceso pertenece a los fenómenos que se generan en un dominio consensual, dominio que existe para una comunidad social. La realidad no es objetiva, pero tampoco es individual:

... las diferencias culturales no representan diferentes modos de tratar la misma realidad objetiva, sino que legitiman diferentes dominios cognitivos. Hombres culturalmente diferentes viven en diferentes realidades cognitivas que se especifican recursivamente por medio de vivir en ellas... La cuestión del solipsisimo surge únicamente como un pseudoproblema o no surge en ningún caso debido a que la condición necesaria para nuestra posibilidad de hablar acerca de ello es tener la disponibilidad de un lenguaje que sea un sistema consensual de interacciones en un dominio cognitivo dependiente del sujeto; esta condición constituye la negación del solipsismo. Maturana, Cognitive strategies (1974).

El lenguaje hace posible los procesos de observación y conciencia reflexíva.

Para Maturana, el lenguaje modifica radicalmente los dominios conductuales humanos, haciendo posible fenómenos como la reflexión, la observación y la conciencia. El lenguaje es condición sine qua non para la experiencia que asociamos a lo mental.

"... en la red de interacciones lingüísticas en que nos movemos mantenemos una continua recursión descriptiva que llamamos "yo", y que nos permite conservar nuestra coherencia operacional lingüística y nuestra adaptación en el dominio del  lenguaje". Maturana y Varela, El árbol del conocimiento, p. 152

La consciencia y lo mental se fundan en el diálogo.

Desde esta perspectiva, lo mental no puede concebirse como algo que se encuentra en el cerebro. Se reconoce, en cambio, que la conciencia y lo mental encuentran su fundamento en un lugar muy diferente: en el dominio de lo social. Allí, en el acoplamiento que los seres vivos establecen con otros seres vivos, se da su dinámica. Sólo por un efecto reflejo, estos fenómenos sustentados en condiciones sociales, pasan a considerarse como manifestaciones de "un mundo interior" del individuo.

"El lenguaje no fue nunca inventado por un sujeto solo en la aprehensión de un mundo externo, y no puede, por lo tanto, se usado como herramienta para revelar un tal mundo. Por el contrario, es dentro del lenguaje mismo que el acto de conocer, en la coordinación conductual que el lenguaje es, trae un mundo a la mano. Nos realizamos en un mutuo acoplamiento lingüístico, no porque el lenguaje nos permita decir lo que somos, sino porque somos en el lenguaje, en un continuo ser en los mundos lingüísticos y semánticos que traemos a la mano con otros. Nos encontramos a nosotros mismos en este acoplamiento, no como el origen de una referencia ni en referencia a un origen, sino como un modo de continua transformación en el devenir del mundo lingüístico que construimos con los otros seres humanos." Maturana y Varela, El árbol del conocimiento, p 155.

Desde la perspectiva sugerida por Maturana, la separación de mente y cuerpo pierde completamente todo sentido. Lo que llamamos mente da cuenta de fenómenos específicos que remiten a nuestro operar biológico como seres vivos. Lo mismo acontece con el conocimiento humano. Ambos procesos, sin embargo, no logran explicarse sin referirse al lenguaje. Por su parte, si bien el lenguaje da cuenta de determinadas capacidades biológicas de los seres humanos, asociadas al desarrollo de su sistema nervioso, no es posible comprenderlo adecuadamente sin reconocer que el lenguaje emerge más allá del dominio de operar biológico individual. Es una propiedad del sistema de acoplamiento estructural que los seres vivos constituyen entre sí en la recurrencia de sus interacciones. El lenguaje es un fenómeno diálogico así como lo dialógico es un fenómeno social.         

Hacemos distinciones al operar como Observadores y operamos como Observadores en el diálogo. Y a veces las distinciones que hacemos reifican los procesos de una manera insana. 

De hecho, muchas veces usamos (o en verdad hacemos mal uso de) esas palabras de tamaño mínimo con que conjugamos el verbo "ser". "Yo soy un perdedor". "Ella es una fracasada". "Cualquiera que actúa de esa manera simplemente es perverso". "No puedo hacer nada bien, ¡soy un incompetente!". Este uso es señal inequivoca de una insania, según Alfred Korzybski, quien acuño el famoso acerto: "el mapa no es el territorio", e ilustra la verdaderamente insana respuesta lingüística de identificación. De esta manera, le damos a nuestro concepto de identidad un montón de poder. Lo investimos de nuestro verdadero "ser". Lo hacemos "la última palabra acerca de nosotros mismos".

No hay que extrañarse entonces de que nuestro concepto de identidad acarreé tanto peso y poder e influencia en y sobre nuestras vidas. No es de extrañar que afecte todos los aspectos de nuestro verdadero ser: el estado de nuestra salud mental (nuestra sanidad), nuestra salud física, nuestras relaciones, cómo nos adaptamos y adquirimos maestría sobre diversos aspectos de nuestras vidas, etc. Nuestro marco de identidad representa uno de los meta-niveles y cápsulas de conciencia más encumbradas que determinan la estructura de nuestra "realidad".

Si construimos un concepto de identidad poco útil o tóxico y luego nos identificamos con él, desde entonces ni siquiera lo cuestionaremos. De ahí en adelante simplemente asumiremos nuestra autodefinición limitadora como "real", "sólida", "estable", e "inmodificable". La confundimos con una "realidad". Entonces la usaremos como nuestro mapa de la realidad al movernos por el mundo. Sin más y desde ahí en adelante él gobernará nuestras "percepciones", pensamiento, sensaciones, habla, actuaciones, relaciones, etc.

¿Porqué entonces se siente tan real y sólida? Porque hemos embutido nuestras representaciones de nuestra "identidad" en un marco de referencia mayor.

El proceso parte con irnos a una Meta-Posición Perceptual (meta= más allá, más lejos, sobre o más arriba de) o Posición de Observador desde la cuál distinguimos algo, una unidad contra un fondo (percibir=distinguir). Luego decidimos embutir lo demás en esa distinción como si esta fuera nuestro marco de "realidad". Hacemos esto a través de identificarnos con nuestros pensamientos y sensaciones acerca de los eventos o los procesos y reificarlos, transformarlos en cosas. Y el proceso no termina allí, ya que enseguida actuamos en consecuencia. Y entonces según cómo distinguimos y decididimos, así actuamos.

Una vez que construimos un marco-de-referencia y lo usamos como nuestro mapa mental emocional para navegar por la vida, se convierte en nuestra estrategia de realidad. Y una vez que alcanza ese nivel de desarrollo (y abstracción), lo tomamos simplemente por un hecho. Se convierte en nuestra premisa operacional que nunca cuestionamos.

Y esa forma puede ser útil y poderosa o inutil e insana. Pero en este último caso podemos querer cambiar y el mismo proceso lo podemos usar para realizar el cambio, lo que exploramos en Rediseñar su Identidad.

El proceso de distinguir y resolver problemas.

Un teorema central desde la perspectiva constructivista que hemos desarrollado aquí dice, que toda acción implica (explicita o implicitamente) una decisión, y que cualquier decisión implica una distinción. Así no puede haber acción si no hay una distinción. Por tanto por una parte estamos construyendo nuestro mundo a través de hacer distinciones, y al hacerlo, dado que existe una lógica de las distinciones, si no nos percatamos de esa lógica (niveles lógicos) … podemos crearnos problemas.

Condiciones para un diálogo productivo.

Hemos concluido que las distinciones emergen del diálogo entre a lo menos dos observadores que operan distinguiendo. Ahora, para que la conversación entre dos o más personas sea un proceso diálogico útil, o productivo, se deben cumplir las condiciones que lo hagan tal y no un monologo. En un diálogo podemos distinguir la ocurrencia de ciertos actos del lenguaje que contrinuyen a que la conversación adquiera el carácter que lo define como diálogo y otros que no. Y aunque esto constituye el tema de otro articulo, digamos aquí sólo que con frecuencia empleamos los actos lingüísticos que llamamos "preguntar" y "responder"; también los actos de "recapitular" (resumir y hacer explicitas las emociones que percibimos en nuestro interlocutor) y el "validar" las respuestas del otro (verbales y no verbales) genera respuestas, que amplian, confirmación, o traen precisión a nuestra comprensión; y el acto de "invitar a imaginar" que lleva a que el otro responda no sin antes representarse imágenes de un mundo através del lenguaje visual, auditivo, kinestésico, y otras formas de lenguaje simbolico, como las metáforas, el lenguaje matématico, el musical, coreografico, etc..  

Ahora si nuestros problemas aparecen bajo la forma de una pregunta los observamos como la no-realización (o el no desempeño) de una expectativa, lo que al mismo tiempo los hace aparecer bajo la forma de una admiración (es increible que ocurra esto...) o de una decepción (que lástima o que vergüenza que ocurra esto...). Como 'unidad distintiva' un problema aparece, por una parte, a través de las distinciones de preguntas y respuestas, y por otra de problemas y sus respectivas  soluciones. Se trata entonces de una relación entre a lo menos cuatro elementos. Un problema es entonces aquello que desarrollamos en un diálogo con otros o en un diálogo interno, con la ayuda de a lo menos las operaciones de preguntar y responder, relacionándolas con una posible solución.

Desde el punto de vista de la biología los seres humanos siempre hacemos aquello que es coherente con nuestra manera de comprender lo que hacemos. Los seres humanos cuando operamos en un dominio determinado, cualquiera que él sea, lo hacemos desde la comprensión explicita o implicita que tenemos de ese dominio. Nuestros  conceptos, ideas, supuestos, premisas y convicciones determinan las distinciones que hacemos, las decisiones que tomamos y las acciones que realizamos. En el dominio de las conversaciones, el sentido que para nosotros tenga la práctica de conversar determinará cómo emocionamos, imaginamos y reflexionamos, qué actos del lenguaje utilizamos, la estrategia que seguimos para conducir la conversación y nuestra interpretación y reacciones frente a sus resultados.

Operando en un dominio con excelencia.

Todos nosotros operamos de manera sistémica. Somos todos sistemas expertos. Expertos, claro está, en conseguir los resultados que ahora conseguimos. Operamos como un SISTEMA COHERENTE en el que todo y sólo aquello que hacemos está relacionado con todo lo demás que hacemos, pensamos, imaginamos y emocionamos, y todo eso tiene un sentido o significado que es congruente con el sentido o significado del todo. Las distinciones, decisiones y acciones que no hacemos no las hacemos no porque no queramos, por inconsecuentes, por flojos, o por alguna falla intrínseca, no las hacemos porque para nosotros no tienen sentido. La cuadratura del circulo.

Las personas que operan en un dominio con fluidez, obteniendo los resultados que se proponen en forma consistente, estableciendo relaciones armoniosas con los demás, comunicándose con encanto, operando de una manera concentrada y a la vez relajada, disfrutando del proceso, terminan su día cargados de energía, y viven plenamente. Ellos difieren de los demás en el sentido que le atribuyen a su trabajo y en la forma en que usan su propio sistema nervioso y el lenguaje a través del cual codifican sus valores, creencias, su identidad, su sentido espiritual y el significado que crean para sus vidas.

Todos estos aspectos confluyen en ellos y les permiten realizar lo suyo con excelencia, configurando lo que podemos denominar un SISTEMA EXPERTO o MAPA NEURO SEMÁNTICO DE LA EXCELENCIA (ver Modelar), uno mejor acoplado al medio que el mapa de ruta o sistema experto que constituye la forma de operar en el territorio de otros que obtienen resultados de otra calidad.

Al inicio                                            www.poieticas.8m.com