6
Actos Del Lenguaje Para Sostener El Diálogo y Evitar el Monologo
"Hablar
es una necesidad, escuchar es un arte"
El vendedor
tradicional (y el gerente y el profesor tradicional) es bueno para hablar, sabe
qué y cómo decir lo suyo. Su entrenamiento se ha enfocado en que presente sus
ideas, productos o servicios de manera suave y sugerente, en manejar objeciones
-o peticiones de aclaración- en forma lógica y en el cierre o conclusión
poderoso. En cambio, el que opera como facilitador de decisiones (de compras y
otras) debe ser diestro en las habilidades que le permiten escuchar
sin permitir que sus juicios interfieran. Sólo entonces el 'cliente' podrá
sentirse cómodo planteando sus dudas e incertidumbres. Cuando éstas son "objeciones
que deben ser manejadas y superadas" el mensaje que percibe el 'cliente' es
o que sus sensaciones sobre el cambio son erradas, o que el facilitador (o
vendedor) tiene todas las respuestas sobre qué debe hacer él. En el enfoque de
facilitación, las inquietudes son simplemente escuchadas y validadas como
legitimas. Muchas veces esto bastará para disolver el poder que de otra manera
éstas tienen para impedir el cambio. Ya que cuando no son explicitadas o cuando
son negadas, tienen el poder de sabotear la relación.
El facilitador
escucha de manera activa al cliente, lo que significa que el debe hacer algo
para tener material para escuchar: preguntar, y otros actos que le den giros a
la conversación y permitan despertar el interés del cliente. Y por cierto, no
hay nada más interesante para una persona que hablar de sí misma. Aquí reside
la clave. Con nuestras preguntas hacemos que el cliente hable de lo que le
encanta: de sí mismo, sus ideas, inquietudes, necesidades, deseos, preferencias,
criterios, valores, motivos, soluciones, etc. Y lo escuchamos, lo ayudamos a
organizar su pensamiento y facilitamos su proceso de toma de decisiones.
6 ACTOS DEL LENGUAJE
Escuchando conversaciones efectivas entre
vendedores y compradores y también en otros contextos -en los que una persona
opera facilitándole al otro la toma de decisiones-, hemos podido distinguir
seis movimientos básicos que un facilitador hace para escuchar y así sostener
el diálogo. A estos los llamamos actos
del lenguaje, y están entretejidos
con emociones de curiosidad, aceptación y/o alegría.
Al realizar los actos del lenguaje especificados a continuación, se
mantiene el diálogo durante la interacción. Ocurre así, porque el cliente, al
escucharlos, no puede sino responderle al facilitador. Con su articulación, el
facilitador le manifiesta al otro explícitamente que le está escuchando y que
tiene verdadero interés (curiosidad) en su mundo, le ayuda a explorar ese mundo
conscientemente, a decidir si hay consistencia o coherencia en su universo de
valores y a comprometerse o no a una acción.
Los actos del lenguaje útiles son:
Cuatro actos lingüísticos
inapropiados:
Los siguientes actos lingüísticos resultan
inapropiados mientras el cliente está todavía en el proceso de decidir sí y cómo
decide o compra, y sólo son útiles una vez que estamos en el proceso de
coordinar las acciones que vendrán a continuación, la negociación y la
coordinación del cumplimiento de las condiciones de satisfacción acordadas con
el cliente: 1) ofertas, 2)peticiones, 3) promesas y 4) declaraciones.
Evitar esos actos
hace que el diálogo sea tal y no un monologo. Esto es muy diferente del
paradigma tradicional del vendedor (profesor o gerente) experto en mensajes (ofertas,
promesas, declaraciones) que permiten convencer al otro de los beneficios y
oportunidades que la compra (aprendizaje o forma de operar) de su oferta, idea,
producto o servicio representa para él.
Verificación de mensajes recibidos
Los mensajes
cobran sentido sólo en la medida en que son recibidos, y no por el hecho de ser
transmitidos. Y hay una manera irrebatible de que el otro sepa que lo escuchamos.
Verificándolo al escuchar él la repetición de sus dichos y la recapitulación
explícita de sus emociones en nuestro resumen de sus dichos y en
el reconocimiento explícito, lingüístico, de las emociones que
él esta trayendo a mano en la conversación.
La información
ya no puede ser reducida a sus manifestaciones objetivas. Su verdad siempre
remite a un acontecimiento existencial en aquellos que la reciben. Su registro,
por parte del que escucha, no es el de la exactitud de los hechos, sino el de la
pertinencia de un problema, de la producción y expansión de la subjetividad
singular del prospecto y de la consistencia del universo de valores por los que
ha optado (¿qué desea y qué es importante para él?).
Y más, porque
los deseos y valores del otro comprometen también a las cristalizaciones de
identidades a las cuales pertenece, que van más allá de su propio yo y dentro
de las cuales de alguna manera se funde: familia, organización, empresa.
Incertidumbre, ya que el otro -como ser autónomo-
es quién decide …
Cada
cartografía -o mapa- de un interlocutor en el diálogo, representa una visión
particular del mundo, la que aún cuando es adaptada por un gran número de
individuos, guarda en su corazón un núcleo de incertidumbre. Y es esta
incertidumbre la que da sentido al trabajo de un verdadero facilitador
profesional en interacción con sus clientes: sólo a partir de ella puede
constituirse una auténtica escucha activa
del mundo del comprador. La escucha de la disparidad, de la singularidad, no
constituye sólo un imperativo de tolerancia, empatía o buenas maneras.
Constituye una sapiencia esencial, un llamado incesante al orden dentro de la
incertidumbre, una puesta al desnudo de las potencias del caos que acechan
siempre en el trabajo de un facilitador ( o vendedor y en la posición de
mercado adquirida por la empresa), riesgos con los que es preciso vivir pro-activamente.
En el seno de cualquier estado de cosas, hay
que pesquisar un punto de fuga de sentido, al igual que en la impaciencia de que
el otro no adopte mi punto de vista, o en la mala voluntad de la realidad para
plegarse a mis deseos. Esta adversidad no sólo debo aceptarla, sino también
desearla por sí misma; debo dialogar con ella, profundizarla. Es ella que me
hará salir de mi autocomplacencia, de mi ceguera burocrática, y me devolverá
el sentido de finitud de mi vida y el impulso necesario para hacer también de
ella una obra de arte consumada.
Para
practicar e incorporar en su estilo estos patrones, participe en uno de nuestros
talleres.
Teléfono (56 2) 369 2693
e-mail Página
Principal